
Imagina que entra un cliente nuevo a tu despacho, quiere plantearte un problema o situación jurídica que le preocupa. Acaba la consulta, la cobras (o no), pasan los días, o antes de que se marche, te acepta el presupuesto, firma la hoja de encargo, y cierras el asunto… FANTÁSTICO!!!.
Pero ahora, imagina lo contrario, el asunto no se cierra. Estarás pensando, “qué putada…”, sobre esto va el correo de hoy, borra ese pensamiento y AGRADECE la fuerza del no. A largo plazo, y créeme, te da mucho más dinero el NO que el SI.
Te explico por qué, aunque antes de eso, te aclaro, esta situación sirve para cuando tras un “NO”, haces algo, es decir, no haces lo que el 95% de los abogados cuando les dicen que no, o sea, NA-DA.
Como te digo, un “NO”, es una grandísima oportunidad para mejorar y poner remedio al motivo de ese no. ¿Cuál es el problema que te decía con el NO?, que en la mayoría de ocasiones, los abogados tiramos de ego y no nos preocupamos por saber el motivo de habernos rechazado.
Pero si en lugar de no hacer nada, directamente le preguntáramos al cliente, ¿qué ha pasado para que no me elijas?, ¿cuál ha sido el motivo de decirme que no?, seguramente nos encontraríamos una respuesta sincera y directa. Unas veces puede ser el no haber entendido tu presupuesto, otras puede ser el retraso en tu respuesta, otras quizá, lo técnico de tu lenguaje… En todas ellas, hay una grandísima oportunidad para que lo corrijas, y evitar con ello que te vuelvan a decir que no por ese motivo.
¿Es o no es esto, algo espectacular? Ponlo en práctica, pregunta a tu cliente, escucha lo que le gustaría que mejoraras, revísalo, y prepárate a recibir “Síes”por un tubo.
Te acompaño,
Un fuerte abrazo.
